Mas allá del Adiós

Reflexiones después de la muerte de un familiar

Hay temas que parecen puramente conceptuales para algunas personas, porque no quieren tomar tiempo en considerarlas, porque están entregados de lleno a la aparente realidad de todo lo que nos rodea. Muchos niegan otra realidad diferente a la que diariamente ven. Pero existen realidades que no vemos, están allí y algún día nos hallaremos inmersos en esa realidad que no vemos, pero que está allí como ahora estamos en esta realidad. Sea cual sea el motivo por el cual estamos ahora aquí, no estaremos aquí permanentemente, la muerte de tantas personas diariamente así nos lo indica.

MUERTE O TRÁNSITO

Usualmente no pensamos en la muerte o tránsito, como realidad cuotidiana y así debe ser, de lo contrario podría ser desestimulante para muchas personas, pero cuando esta toca a uno de nuestros seres queridos o a uno de nuestros familiares más próximos podemos entrar en crisis existencial y en muchos casos nuestra fe se derrumba, sobre todo, si la muerte no se espera, si sucedió cuando minutos antes la persona gozaba de aparente buena salud. Entre más cercano el parentesco más interrogante y dudas, rechazo, negación y rabia, sentimientos de culpa, de acuerdo a cómo fue la relación con la persona fallecida.

Muchas demandas contra personal médico y de enfermería son originadas por sentimientos de culpa ocultos en familiares próximos al fallecido, cuando inconscientemente se trata de mitigar este sentimiento con acciones que ya no tienen efecto sobre la persona que falleció. Estas acciones solo nos muestran actitudes de reacción, ante un evento natural, que da fin a la presencia de una persona en el mundo físico.

Hay libros de diversos orígenes que tratan sobre lo que sucede después de la muerte, algunos muy técnicos que relatan la situación de los elementos energético sutiles en el espacio, es decir, la conformación de los cuerpos sutiles y el establecimiento de la conciencia en esos cuerpos de la persona fallecida, (etérico, astral, mental, etc.), en este breve bosquejo no trataremos con lujo de detalles estos aspectos, los cuales, son tratados minuciosamente por diversos e ilustrados autores, muchos de ellos videntes de los seres de los mundos sutiles.

Cuando el cuerpo físico muere, el cuerpo etérico se desprende y comienza a descomponerse igual que le sucede al cuerpo físico, mucho antes ya el cuerpo astral se ha desprendido del físico, se ha roto la conexión que los unía, de esto se puede tener o no conciencia, la inmensa mayoría de las personas en este proceso pueden pasar este momento inconscientes o dormidos, tal vez como mecanismo de protección para que este evento no sea tan traumático, especialmente si la persona está llena de rechazo o temores, este estado de inconsciencia puede durar de 5 a 15 días o hasta un mes, dependiendo de la forma de muerte, si fue por extrema vejez o enfermedad crónica o si por el contrario fue repentina como en los accidentes de avión o de tráfico o ser asesinado por otra persona.

RECIBIMIENTO

Entre más preparación mental y aceptación para la muerte hay en la persona, menor es el periodo de inconsciencia. Después, la persona despierta y se percata de su nuevo estado, acuden espontáneamente personas que ya tienen tiempo de estar allí en el mundo sutil llamado plano astral, para orientar, consolar, enseñar, acompañar, aconsejar a la persona recién llegada, también llegan según las devociones que en vida terrenal tenía, personas evolucionadas espiritualmente llamados en algunas religiones santos y en otras maestros, para básicamente hacer lo mismo e irradiar con sus altísimas vibraciones a la persona recién llegada. También acuden a llamado seres angelicales cuya misión es de consuelo y guía.

Después queda solo para hacerse el auto examen de conciencia, uno mismo es el mejor y más implacable juez, luego encuentra su lugar en el mundo astral según los resultados de este juicio. En un instante se es consciente de toda la vida. No hay tribunales ni un Dios severo que viene a juzgarte con severidad espantosa. Ni Dios, ni Jesucristo, te juzgan, solo hay leyes que se cumplen, todo va a ser según como te comportaste con el prójimo, cual fue tu actitud ante otras creaturas que nos acompañaron en el viaje, cómo fue tu relación con la naturaleza.

SUFRIR POR LO QUE DEJA

Hasta aquí todo se ve normal, pero qué pasa cuando se dejan niños pequeños, una mujer joven y hermosa a la cual se amó intensamente, grandes negocios en plena marcha y aun más: Cuando desarrolla su clarividencia, (recordemos que en este momento ya la consciencia sin limitación de la materia densa se expande), percibe mejor a las personas que conformaron su entorno familiar, social y laboral. Enterarse de que su amada esposa solo quería su muerte pronto para cobrar rápido el seguro, que a ese hijo preferido solo le interesaba su partida lo antes posible para tener su parte en la herencia, que los bienes que dejó y por los que tanto luchó son ahora malgastados, que su mejor amigo era el amante de su esposa. El hecho de no poder volver a cobrar venganza y poder decirles a esas personas lo que se merecen, reclamarles su hipocresía, causa en el que partió una gran pena y desesperación. Pero puede haber pena también si las personas de su entorno familiar lo amaban sinceramente y este hecho, aunque lo regocija lo entristece, porque no se puede comunicar con ellos normalmente, todo esto causa dolor, desesperación y en el caso de las traiciones rabia y deseo de venganza. Los sentimientos negativos sumergen al recién desencarnado en un mundo gris, allí, la tristeza y la frustración se sienten más intensamente que en el mundo material. Solo espíritus o entidades de orden inferior que estimulan los deseos negativos pueden llegar ahora. Este estado es sencillamente el denominado en el catolicismo e iglesias ortodoxas orientales, EL PURGATORIO.

En este momento de tristeza, de sentimientos negativos de impotencia, de soledad, el ahora desencarnado, cierra la ayuda que en ese ahora, su mundo, le pueden proporcionar espíritus familiares, santos y ángeles. Ahora, ha fabricado una coraza negativa que le impide a entidades de luz, de vibraciones positivas llegar hasta él o ella. Aquí es donde tienen su lugar las oraciones por los difuntos, que se hacen en las religiones que tienen esta práctica en gran estima como de gran ayuda para que los difuntos encuentren su camino evolutivo al otro lado. Estas plegarias u oraciones llegan al recién desencarnado como un bálsamo refrescante que traen tranquilidad, inspiración positiva, la certeza de que no es olvidado, que hay personas que se preocupan de su bienestar. Si en este momento hay el deseo sincero de recibir ayuda y orientación vendrán a él espíritus de luz sean familiares o no, santos o maestros y seres angelicales. Para que este paso se dé, pueden transcurrir meses o tal vez años, dependiendo de qué tanto APEGO, así con mayúsculas tenga hacia lo que dejó en la tierra, tales como, familiares, esposa, sexo, vicio, dinero, poder político. Este proceso puede ser de meses o quizás de muchos años, a veces hasta 250 años. Es decir, entre más apego a lo terrenal, más tiempo de purgatorio o de alejamiento de la Luz Divina. Hay quienes no se dan cuenta que han muerto y tratan de seguir una vida muy parecida a la vida física en la tierra. A medida que la persona se va desprendiendo del deseo de seguir como si estuviera en el mundo material, su disfrute del mundo sutil en el que ahora se encuentra es cada vez mayor. En esta experiencia, las plegarias y misas del catolicismo, de las iglesias ortodoxas orientales y plegarias por los difuntos del budismo, tienen una importancia enorme para ayudar al fallecido a despertar completamente y encontrar el camino de felicidad y plenitud en su nueva vida.

Mencionemos ahora un concepto muy antiguo en el budismo y en el cristianismo: El APEGO, este tema se trata en libros budistas y en libros religiosos católicos y ortodoxos que tratan especialmente sobre vidas de santos que renunciaron al disfrute de bienes materiales y al derecho de fundar una familia, para que nada los ate al plano material después de la muerte, es decir disminuir o eliminar las causas más frecuentes de apego, entendiendo este como causa de sufrimiento y atadura al mundo material. Este tema es analizado en detalle por Tensin Giatso, Dalai Lama, en su libro “Hacia la paz interior”,

Entre las cosas que atan no todo son resentimientos y frustraciones o amor pasional, también el amor paternal o maternal, el amor conyugal pueden atar, pero sin tener un efecto tan negativo como el odio o el deseo de venganza o la ira. Cuando ya los hijos crecen y se valen por sí mismos, entonces el desencarnado descansa y se tranquiliza, además, porque en el tiempo transcurrido ha aprendido que sentir amor por toda la humanidad es más reconfortante y en el astral esto se siente en una forma más intensa y plena. También puede meditar y la meditación en el astral lo lleva a éxtasis más intensos que cuando se está en el cuerpo físico. Entonces, no es que sentir amor por la familia sea malo en esta circunstancia, sino que debe acompañarse de un sentido altruista hacia toda la humanidad, el amor, es uno de los elementos más importantes en llevar al hombre desencarnado a alturas espirituales increíbles. Entonces, se convierte en un cuerpo de luz, ahora, solo volverá al mundo físico voluntariamente. Nos podemos ahorrar mucho tiempo perdido si preparamos nuestro paso a la vida después de la muerte, si nos preparamos para esto, no lo digo yo, lo dijo Jesucristo cuando exhortó a velar siempre, porque no sabéis el día ni la hora.

¿Cómo prepararse? Siguiendo el mensaje altruista de Cristo es lo mejor,  esto es, practicar con el prójimo lo principal: Amarás a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo, perdonando hasta setenta veces siete, practicando la misericordia y compasión infinitas hacia el prójimo, este, es el mensaje de Jesucristo para alcanzar la felicidad, es lo que se debe aprender cuando se lee el evangelio, la incomprensión de este mensaje es lo que Jesucristo criticó como: “son duros de corazón”. Esto coincide con mensajes de otras religiones, lo que finalmente se busca es disminuir el sufrimiento o eliminarlo.

Debemos comprender que realmente la muerte no existe, nuestra conciencia sigue activa después de haber muerto el cuerpo físico, la conciencia trasciende la muerte del cuerpo físico, este, vuelve a la tierra porque es de la tierra, lo percibimos como nuestro, como si fuera algo inherente a nuestra conciencia, pero no es así, nuestra conciencia puede trascender el cuerpo físico, el cual, queda en el plano terrenal descomponiéndose lentamente o consumido por el fuego, la conciencia pasa a un cuerpo sutil donde sin las limitaciones materiales se expande enormemente; el bienestar allá depende en gran parte de nosotros mismos, de nuestro conocimiento y decisión para perdonar, del amor universal que quieras sentir e irradiar. Los que aún queden o quedemos físicamente en la tierra tenemos el deber de ayudar con nuestras plegarias, perdonando e irradiando amor y agradecimiento por la bondad que los que partieron nos dieron durante su estadía en la tierra.

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